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UNA HISTORIA A TRAVES
DE UN PERSONAJE:
Raqueta de Oro
y Jin Munakata/Jeremías O´Connor

por Rosa María Carmona Plata

Estaba solo cuando murió. No pudo soportar que nadie lo contemplara en el fatídico instante en que sus fuerzas lo abandonaron, dejando al descubierto las flaquezas de sus descontrolados miembros.

La muerte lo halló escribiendo, poniendo en orden sus últimos deseos. Pero aún así, no lo encontró desprevenido. A pesar de que él hubiera deseado unos instantes más, ni un solo murmullo salió de sus labios, ni una sola queja brotó de su garganta cuando el temido momento llegó... No obstante, no pudo evitar un último y apasionado sollozo, un grito desgarrado con el que pretendió dar su último adiós a la persona amada.

Pronunció un nombre. Un nombre que para él significaba la razón de su intento de sobrevivir durante los últimos tres años..., el nombre de aquella a quien amaba y por quien tanto hubiera deseado poder continuar viviendo. Su último suspiro fue dado entre insoportables sufrimientos. Entre sus manos quedó escrito el último de sus pensamientos, y éste casi cobró vida cuando el cuerpo inerte se desplomó sobre el lecho... ¡MARTA, consigue muchos ACES!

Jin. Jin Munakata. Este nombre es sinónimo de entereza, de pasión, de aceptación y de fuerza. Evoca duras batallas por el perfeccionamiento físico, desgarradores enfrentamientos ante una enfermedad mortal que consume todos los anhelos, donación del yo a una joven promesa para que alcance esas metas soñadas que una tragedia obligó a perder.

Jeremías. Un hombre con el coraje suficiente para vencer el desaliento causado por la certeza de una muerte dolorosa en la plenitud de la juventud y del éxito, un hombre rebosante de tanta pasión por el tenis como para consagrar las últimas energías de su vida a la preparación e instrucción de otros jóvenes con sus mismos sueños, un hombre que encontró el amor al final de su vida y debió renunciar a él para evitar el sufrimiento de la persona amada. Un hombre, en definitiva, cuyo recuerdo inspiró otras vidas y cuya muerte ensombreció la existencia de todos cuantos le conocieron y amaron.

Jin Munakata. O Jeremías O'Connor. Un símbolo puro de la estética samurai proyectada en el S.XX. Samurai porque en él confluyen valores como la lealtad, el sacrificio o la negación del yo por una meta honorable; samurai porque en su ideal de vida conviven la sublimación del perfeccionamiento físico y espiritual junto a la veneración de un sistema moral basado en la filosofía zen, una doctrina que enseña que si un hombre realiza aquello para lo que está destinado, y si lo hace lo mejor posible, libre de todo temor, consigue que el infinito se realice en él. Es en el cumplimiento de su propio destino, tras superar todos los obstáculos y pruebas que marcaron su existencia, cuando halló aquella paz que su alma siempre había anhelado. No puedes acompañarme allá donde ahora me dirijo, Marta; por fin he encontrado la paz... Pero recuerda que siempre estaré contigo..., son las últimas palabras de Jin a su pupila antes de adentrarse en el Nirvana budista.

CASTA DE SAMURAIS
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Huérfano de madre siendo apenas un niño, Jeremías se prometió a sí mismo no dejarse derrotar nunca por la vida, por muchos sufrimientos que tuviera que enfrentar. Su madre, mujer de serena belleza y delicada fragilidad, no pudo resistir el hecho de que su marido la abandonara y perdió las ganas de vivir. "Nuestra hija se casó a los 18 años (cita original del abuelo de Jeremías) y volvió aquí con Jeremías, enfermó y murió poco después de la guerra/ Mi madre era una mujer débil, una mujer que renunció al amor cuando su marido se enamoró de otra; nunca fue capaz de sobreponerse, nunca. No hacía más que llorar y llorar, parecía que no iba a hacer otra cosa durante el resto de su vida. Murió como muere una flor, era de ese tipo de mujeres: bella, amable pero débil (Jeremías)".

Bajo el amoroso cuidado de sus abuelos, pero olvidado por su padre, Jin se convirtió en un muchacho pendenciero y rebelde, amigo de peleas y bebida, solitario y arisco; parecía odiar la vida y al mismo tiempo retarla a duelo. Falto de cariño, problemático, huérfano de madre desde la infancia... "Desde pequeño tuvo que enfrentarse a una dura realidad; por esto, por todas estas graves dificultades, Jeremías tenía un aspecto triste y parecía cansado de vivir: fumaba, bebía, se peleaba con todo el mundo... hasta que conoció el tenis, eso fue lo que le salvó (Angel Andrews)". Jeremías encontró a Katsura/Angel Andrews siendo ambos estudiantes, cuando como líder de una banda de adolescentes tuvo que enfrentarse al cabecilla de otra banda rival, Angel. "Hace mucho tiempo, había dos colegios rivales. Normalmente, cuando dos colegios están muy cerca suelen tener relaciones poco corrientes. Lo cierto es que un día hubo una pelea durísima entre dos cabecillas, una pelea que resultó decisiva. Ambos eran altos, por lo menos medían 1,75 m. A pesar de tener 15 años cumplidos no sabían utilizar el sentido común. Se estaban dando una gran paliza, sangraban por boca y nariz... Los demás se divertían viéndoles pero terminaron por asustarse. Los dos continuaron pegándose hasta que cayeron extenuados y sin fuerza. Así empezó mi amistad con Jeremías (Angel). Después de un enfrentamiento largo y penoso, ambos contendientes acabaron exhaustos pero imbatidos; la pelea no resolvió nada pero contribuyó a que los dos se granjeasen un respeto mutuo que se convertiría posteriormente en amistad, cuando coincidieron para inscribirse en un equipo de tenis. A partir de ese momento, Jeremías se dedicó en cuerpo y alma a los entrenamientos, tenía madera de campeón (Angel)". Ambos fueron eternos amigos fuera de la pista y grandes rivales dentro de ella, en una competitividad que no sólo no empañaba su afecto sino que lo fortalecía. Jeremías y Angel llegaron a la cumbre en la práctica del tenis japonés: defendieron su bandera en torneos internacionales y, su propio prestigio como profesionales en los campeonatos de Grand Slam... Jeremías había encontrado por fin el sentido de su existencia.

El carácter de Jeremías había sufrido diferentes cambios a lo largo de su vida. La muerte de su madre le afectó profundamente y le hizo despertar a un mundo adulto en el que la inocencia infantil no tenía cabida. Eso lo volvió desconfiado, solitario, triste, rebelde... pero, al mismo tiempo, fortaleció su carácter; se prometió a sí mismo que nunca se dejaría derrotar por la vida. Sus bravuconerías y bravatas de adolescente eran consecuencia de su indiferencia ante todo, de su vacío interior, de esa falta de esperanza nacida en su infancia. Hasta que encontró el tenis. El tenis le devolvió las ganas de vivir, la ilusión perdida, la inocencia muerta... la ESPERANZA, en definitiva. Se transformó en una persona afectuosa, tierna, alegre... y, al mismo tiempo, luchadora, exigente, perfeccionista. Seguía siendo un rebelde, pero encauzaba sus motivaciones. No volvió a plantearse la muerte con indiferencia, amaba demasiado la vida... hasta que se hizo patente para él la verdad de su enfermedad. "Aún no había empezado a disfrutar las mieles de la victoria cuando el destino se cebó con su vida y lo arrancó de las pistas de tenis (Angel)".

"Jeremías y Angel llegaron a la cumbre del tenis mundial y consiguieron su objetivo con encuentros emocionantes. Se convirtieron en los mejores jugadores del equipo nacional figurando junto a los más grandes del ranking mundial. La prensa estaba emocionada con ellos Sin embargo un día se produjo un incidente: ambos se estaban entrenando para participar en el Campeonato Nacional cuando Jeremías cayó al suelo víctima de fuertes convulsiones. Fue ingresado rápidamente en el hospital pero se retiró definitivamente del tenis ese mismo día (Presidente de la Federación Japonesa de Tenis, Mr. Ryuuzaki)". Tenía 24 años. A excepción de sus familiares más cercanos nadie supo el motivo de su retirada. "Las causas de las fuertes convulsiones nunca fueron reveladas, algunos hablaron de un virus misterioso (Mr. Ryuuzaki)"/ "Le dijeron que tenía leucemia y que no existía curación posible. Le dieron 3 años de vida. Tuvo que retirarse del tenis y eso endureció su carácter (abuelo de Jeremías)"/ "Leucemia, una condena a muerte a los 27 años (Angel)".

Tras ese primer ataque, la recuperación física, aunque transitoria, fue rápida; la recuperación moral fue algo más lenta, pero finalmente llegó. Ya no era el niño asustado que perdía a su madre, tampoco era el anciano pleno de satisfacción por una vida honorable que le hubiera gustado ser; la disciplina del deporte había moldeado su carácter, lo había dotado de la fortaleza suficiente y del amor necesario para soportar las más duras pruebas.

UNA CONDENA A MUERTE A LOS 27 AÑOS.
Jeremías había decidido retirarse de las pistas. Le habían diagnosticado una enfermedad incurable, leucemia, y le habían dado como máximo tres años de vida. Tras la desventurada noticia, ambos compañeros se separaron: Angel decidió ingresar como monje budista en el Monasterio de Eiji, conocido por su severa disciplina y su austeridad, y Jeremías intentó encontrar un sentido para la precaria existencia que le esperaba hasta el momento de su muerte. La respuesta definitiva la halló dos años más tarde, cuando la Federación Japonesa le propuso encargarse de los entrenamientos del equipo de tenis del Colegio Nishi, famoso por ser cantera de nuevos talentos. "La Federación buscó a Jeremías para que volviera a las pistas pero no lo pudimos convencer, ¡quizá su orgullo le impedía regresar! Poco después le ofrecimos ser entrenador del Colegio Nishi (Mr. Ryuuzaki)".

Jeremías intentó dedicarse en cuerpo y alma a la enseñanza: amaba el tenis y el estar rodeado por jóvenes dedicados a ese deporte lo imbuía en una relación de reciprocidad: formaba a sus alumnos física y espiritualmente y, a cambio, participaba indirectamente en la vida deportiva de sus pupilos, sufriendo con sus decepciones y alegrándose por sus victorias. "Los 27 años que Jeremías ha pasado con nosotros han sido como los 80 que he vivido yo, han pasado muy deprisa. Ojalá hubiera sido como todos los muchachos de su edad, que tantas veces se equivocan, se enamoran, se enfadan, disfrutan de la vida, tienen amigos, ¡esos momentos tan intensos que jamás vuelven porque vuelan con la juventud! Toda su existencia la consagró a su trabajo (abuelo de Jeremías)".

El Colegio Nishi era una institución donde las tradiciones y los formalismos habían construido su propio y cerrado universo. Llenaban sus aulas jóvenes de las más pudientes y renombradas familias, y siendo el tenis el deporte-rey del centro, los miembros de elite del equipo eran considerados la aristocracia del alumnado. Sin embargo, Jeremías no se dejó acobardar por eso. Luchaba contra un enemigo invencible, el tiempo, y tenía unos objetivos concretos que cumplir. Empezó introduciendo cambios en el equipo y ganándose por ello las antipatías de un cierto sector de sus pupilos; no obstante, y a pesar de las quejas, el director del centro lo apoyaba en todo momento por cuanto había sido excelentemente recomendado por la Federación. Poca gente recordaba ya (salvo contadas excepciones) su identidad; la prensa se hizo eco, en su momento, de la noticia de su abandono, pero poco después las voces se fueron acallando y el público comenzó a olvidar... Los alumnos del Colegio Nishi desconocían, por tanto, la identidad de su entrenador.

Fue entonces cuando encontró a Marta Nolan/Hiromi Oka... "Eras un diamante en bruto, Marta; una gema sin pulir, enterrada en el suelo. Yo sabía que eras una piedra preciosa (Jeremías)".

UN DIAMANTE EN BRUTO.
¿Qué entrenador no sueña con encontrar a ese pupilo en el que la práctica de un deporte resulta algo innato, a ese deportista que transforma la técnica en arte, a esa persona que entra en perfecta armonía con una disciplina deportiva? Marta era precisamente eso: puro potencial, barro preparado para ser modelado por un artesano experto. Jeremías supo verlo, aunque nadie más lo hizo en esos primeros estadios. "He descubierto a una jugadora en la que he puesto todas mis ilusiones. Tiene talento. Le enseñaré a duplicar o triplicar su velocidad y creo que ella aprenderá rápido... (Jeremías)"/ "Durante su corta vida Jeremías había conocido la desesperación por dos veces. Desde pequeño no había hecho más que sufrir. Pero luego te encontró a ti Marta, y contigo volvió a florecer. La esperanza y el amor le ayudaron a sobrevivir dos años más (Angel)".

Aunque el Colegio Nishi era ciertamente una cantera de jóvenes promesas y contaba con excelentes jugadores, Jeremías pretendía desarrollar un nuevo concepto dentro de la práctica del tenis: el tenis potencia. Angel y él habían intentado llevar a la realidad, durante su vida deportiva, una técnica revolucionaria basada en esta idea, una técnica conocida teóricamente desde hacía tiempo pero casi irrealizable en la práctica. La retirada de ambos les había impedido perfeccionarla. Cuando Jeremías encontró a Marta vio en ella dos cualidades: su talento innato y su inexperiencia como tenista; eran precisamente ésas las dos herramientas que él, como entrenador, necesitaba para poner en marcha su plan de resucitar en Marta sus propias metas como tenista.

Las jugadoras veteranas del equipo del Colegio Nishi no entendieron la actitud de Jeremías, no comprendían la dedicación especial que él dedicaba a Marta en sus horas libres ni su confianza en ella como jugadora titular. Intentaron boicotear la labor de Jeremías como entrenador y se enemistaron ostensiblemente con Marta. La posición de Jeremías, aunque criticada, tuvo que ser aceptada finalmente dado el apoyo que el entrenador gozaba dentro de la Federación, sin embargo Marta tuvo que soportar situaciones de insoportable ostracismo, desesperación y frustración, junto con la tensión generada por tener que demostrar casi constantemente su valía como tenista y no malograr la confianza que su entrenador había depositado en ella. Fueron tiempos difíciles para ambos: Marta desconocía su propio potencial, y Jeremías temía no poder ver finalizada su labor como entrenador. No obstante, había previsto ese contratiempo. "Cuando decidí ser entrenador le hice prometer a Angel que si encontraba alguna buena alumna, él también se dedicaría a entrenar (Jeremías)"/ "Jeremías me escribió, quería atacar la vida y hacer que sus gestos llegaran más allá de la muerte. Me habló de una chica con gran talento e hicimos un pacto: yo me comprometí a seguir su obra y llevar a Marta hasta lo más alto (Angel)".

UN MAESTRO. UN AMIGO.
Jeremías y Marta estuvieron entrenando tres años juntos, cada vez más cerca de conseguir su común ilusión, convertir a Marta en una gran jugadora internacional. Marta nunca decepcionó a su entrenador, se dedicó en cuerpo y alma a sus entrenamientos, llegando a renunciar incluso a su primer amor por este deporte. Jeremías nunca olvidó ese sacrificio e intentó compensar a su alumna con su total dedicación. Tres años juntos, compartiendo alegrías y penas, éxitos y fracasos... Era inevitable que entre ambos surgiera un tipo muy especial de relación. Para Marta, Jeremías era su entrenador, su amigo, su confidente, su maestro, su compañero, la persona más importante en su vida después de sus padres. Para Jeremías, Marta era su alumna, su musa, su más valiosa conquista, su esperanza, su realidad, y finalmente su gran amor. Jeremías era consciente de la diferencia de edad entre ambos (9 años) y de su incierto destino, por ello siempre la trató como alumna, demostrando un cariño fraternal que no perturbara en ningún sentido a su pupila. "Marta Nolan y Jeremías O'Connor están realizando su sueño juntos. Marta ha sido descubierta por él, ella es su preferida, confía mucho en ella y no dudo que tenga razón para hacerlo. Las jugadoras y los entrenadores son seres humanos y se trata de un hombre y una mujer preciosa (Eduardo, amigo de Marta)". Sin embargo ambos estuvieron mucho tiempo juntos, llegaron a comprenderse y compenetrarse como si fueran un único ser... De alguna forma, sin que hiciera falta una especial confesión, ambos se amaban: sin reproches, sin palabras. "A un paso de la muerte ya no importa si estoy enamorado de Marta, siempre la he querido... Angel, ¡qué cruel es la separación cuando la vida que dejas atrás es tan maravillosa! No quisiera morir y dejar sola a Marta, pero es mi destino. Cuida mucho de ella, te lo ruego, serás la persona más cercana a ella cuando yo no esté, yo ya no puedo hacer nada... Por mucho que Marta y yo nos comprendamos, los dos hemos emprendido un largo camino, aunque uno de los dos va a quedarse atrás para iniciar un largo viaje hacia lo desconocido. Son las sorpresas que nos reserva el destino, pero no podemos luchar contra él, es inexorable, es el más fuerte y, aunque resulte terrible, hay que aceptar la separación. Acepto mi destino pero, instintivamente, sigo buscando su sonrisa, la sonrisa de Marta. Desde que conocí a Marta, mi vida cambió; durante estos tres años he reflexionado mucho, siempre buscando el menor resquicio de esperanza... Marta, cuando yo muera, Angel se ocupará de ti y recuerda que cuando juegues siempre estaré a tu lado... Mi esperanza eres tú, Marta... Siempre nos preocupábamos el uno del otro, pasábamos días enteros juntos, lo compartíamos todo: la alegría y la tristeza, la confianza y el esfuerzo para conseguir un fin, siempre dispuestos a ayudarnos. Si esto significa estar enamorados, entonces Marta y yo creo que lo estábamos (Jeremías: fragmentos)".

"Jeremías, confío en ti más que en nadie de este mundo... Jeremías si tú no estás conmigo no puedo concentrarme, te necesito... Jeremías, quiero demostrarte que yo también puedo realizar labores femeninas, aunque estoy bastante pez en estas cosas; en fin, tú me conoces mejor que nadie... Jeremías, pronto volveré a verte, mi corazón late de felicidad, sólo he estado fuera tres semanas pero parece que ha pasado un año... Ganaré por ti, Jeremías, por todo lo que me has enseñado y lo mucho que representas en mi vida (Marta: fragmentos)".

MUERTE Y ESPERANZA.
Jeremías sabía que su muerte estaba cerca. Los dolores y las convulsiones que sufría eran cada vez más fuertes. Quería ver a Angel antes de morir, por lo que le escribió y él abandonó el templo de Eiji por vez primera en cumplimiento de su promesa. Por fin, Angel pudo conocer a Marta. "Al fin he conocido a la chica a la que has transmitido todo lo que sabes, Jeremías. Creí que sabía todo sobre Marta por lo que me contabas en tus cartas pero me ha impresionado conocerla personalmente. Es una jugadora con mucho talento, y hay algo muy importante, ella no lo sabe (Angel)". Jeremías no quería que Marta supiera de la gravedad de su estado; sabía que ella sufriría enormemente si se enteraba de su enfermedad, porque, en cierta forma, había llegado a depender de él en muchos sentidos: afectiva y deportivamente. En ningún caso quería influir negativamente en su carrera. Finalmente, el 15 de Enero a las 6:37 a.m., Jeremías dejó de existir. El vacío que dejó entre los que lo conocían fue inmenso. "Será difícil estar sin ti, Jeremías. A pesar de que Rosa, Javier y yo empezamos a jugar al tenis antes de conocerte, tú has sido nuestro maestro. Nos enseñaste a jugar al tenis, a confiar en los demás, a amar. Marta quizás sea la que más te ame y ahora vas a dejarla sola. ¿Qué será de ella? (Roberto/ Tohdoh, tenista y alumno de Jeremías)"/ "Jeremías, a partir de ahora vendré a esta pista todos los días para recordarte. Pensaré en lo bueno y lo malo, no haré nada más. Sólo recordaré nuestra infancia, cuando éramos pequeños y jugábamos juntos. Nunca pude imaginar que algún día te irías de mi lado y me dejarías sola. Es lo único que puedo hacer si quiero encontrar un poco de consuelo (Ingrid, hermana de Jeremías)"/ "Papá te lo voy a decir por primera y única vez. Sin contarte a ti, Jeremías ha sido el único hombre verdaderamente ideal que he encontrado, el único hombre a la altura de mis sueños... Ahora, cuando juego, ya no me siento sola en la pista; antes existía yo y nadie más, mi rival era yo misma. Ha sido una dura guerra privada pero ahora, de alguna manera, siento que alguien está conmigo. Cuando juego, delante de mí, aparecen rostros familiares: Marta, Ingrid, Roberto. Puede incluso que el espíritu de Jeremías nos acompañe cuando jugamos (Rosa/Reika Ryuzaki, alumna de Jeremías y gran rival de Marta)".

Marta se enteró de la tragedia poco después, tras regresar de un Torneo de Tenis en Estados Unidos al que había acudido sola, en la creencia de que su entrenador no la había acompañado porque estaba ligeramente indispuesto y se reuniría con ella en breve. El shock fue terrible. La falta de esa persona tan querida e indispensable para ella la sumió en una terrible desesperación. "Marta no ha dormido en toda la noche. Se ha quedado sentada delante de la ventana. Dice que el ruido de las olas es siempre diferente, que cambia cada vez que cada ola rompe en la orilla, o sea, que jamás se repite el mismo sonido y el pasado jamás vuelve (madre de Marta)".

"No necesito otros maestros, ninguno puede sustituir a Jeremías... Estoy confundida, Angel, por un lado no quiero morir, pero tampoco quiero vivir así, quiero saber si hay una salida... Jeremías ahora que ya no estás conmigo no puedo jugar al tenis, no quiero... Sólo han pasado tres meses desde la muerte de Jeremías y aunque yo creía que ya estaba bien, sólo trataba de convencerme a mí misma. Al principio sólo era un pequeño malestar en la boca del estómago, pero ha crecido cada día más; es como si estuviera prisionera en una cueva sin salida. Trato de no pensar en ello pero es más fuerte que yo. Estoy vacía, tengo miedo de no tener fuerzas suficientes. Me encuentro sola y no tengo ni siquiera ganas de mover un dedo. Siento un enorme agujero negro en mi corazón, algo me falta (Marta: fragmentos)".

TRASCENDIENDO EL TIEMPO.
Pero el tiempo todo lo cura. Deja cicatrices, pero ayuda a olvidar. El propio instinto de supervivencia hace que determinados recuerdos, especialmente dolorosos, queden alojados en algún lugar escondido de la memoria y no se hagan presentes salvo bajo circunstancias excepcionales. Para Marta, el tiempo y el apoyo de la gente que la rodeaba fueron fundamentales a la hora de superar la depresión en la que se sumió tras la muerte de Jin.

Fueron meses tristes pero, finalmente, encontró su equilibrio interior y pudo seguir viviendo. Volvió a jugar en las pistas, que había abandonado por traerle dolorosos recuerdos y, gracias a la dedicación de Angel, se transformó en el instrumento vivo de su entrenador muerto llegando a la cumbre del tenis mundial a través del desarrollo de la técnica que ambos amigos habían experimentado durante su carrera deportiva.

Marta era joven, su corazón estaba vacío... al final, la naturaleza se impuso y volvió a encontrar el amor en la persona de Roberto/Tohdoh, aquel primer amor que tuvo que abandonar por exigencia de Jeremías cuando, en los albores de su relación con Marta, no podía permitir que su pupila se desconcentrase de sus entrenamientos y echara a perder su futuro deportivo. Jeremías conocía profundamente a Marta. Sabía que era una muchacha vital, cariñosa, capaz de un amor profundo y perdurable. Sabía que era posible que se hubiera enamorado de él debido al estrecho contacto que habían mantenido durante esos tres años, pero confiaba en que ese cariño no fuera demasiado profundo y fuera olvidado con el tiempo, dada la juventud de la muchacha. Sabía que, ante todo, para que Marta pudiera florecer y ser realmente feliz, necesitaba amar y ser amada. Era consciente de todas esas pequeñas circunstancias, y pudo prever el futuro; escribió una carta y se la legó a Angel con objeto de que le fuera leída a Marta cuando hubiera llegado el momento. "Cuando Marta se haya convertido en una gran tenista y lo sepa todo sobre el tenis, ¿qué es lo que va a necesitar? No a mí, eso es seguro, ni a ti tampoco, Angel; nosotros formaremos parte de su pasado. Marta necesitará a alguien que esté a su lado y comparta con ella sus tristezas y sus alegrías, no sólo en las pistas de tenis sino en la vida diaria. Ya había encontrado a una persona así, pero era demasiado pronto y le pedí que sacrificara su amor, por el tenis. Cuando llegue el momento déjala libre para que siga su camino con la persona que ella elija, estoy seguro de que será la misma de la primera vez y ¡sé que estará en buenas manos! (Carta de Jeremías leída post-mortem por su amigo Angel)".

Jeremías no quería que su recuerdo fuera un obstáculo en la vida de Marta. Organizó hasta los más pequeños detalles antes de su muerte para que ella no quedase desamparada en ningún momento. Estaba convencido de que ella superaría su pérdida y afrontaría con valentía su futuro. Sabía que encontraría a alguien a quien amar y que su elección sería la acertada... Pero, pese a todo, no valoró en su justa medida el afecto que ella sentía por él. Cuando Jeremías vivía, acompañaba a Marta en cada uno de sus partidos y, desde la grada, observaba con inefable alegría las evoluciones de su pupila en la pista; al finalizar el encuentro, hubiera ella conseguido la victoria o no, los ojos de ambos se encontraban, los de ella buscando su aprobación, los de él animándola a no desfallecer...

UNA MIRADA. SIEMPRE.
Jeremías olvidó una cosa: un amor como el que ambos compartían no podía morir. Quizás haya podido ver, desde el Nirvana en el que su alma descansa, cómo Marta, aún hoy y a pesar del tiempo transcurrido, después de cada partido sigue buscando, entre el público que ocupa las gradas, su mirada. La mirada de Jeremías.



 
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