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EL TOUR DE FORCE
DE UNA PASION:
Raqueta de Oro
y Ranko Midorikawa/Ingrid O´Connor

por Rosa María Carmona Plata


LA HEROÍNA TRAS EL TELÓN

Ingrid es quizá uno de los personajes más complejos de Ace o Nerae, quizá uno de los más atípicos y profundos. Una de esas figuras que, sin tener un protagonismo principal, dejan en el espectador la huella imborrable de su presencia. Una heroína capaz de compararse con las más grandes mujeres del universo de ficción: por su abnegación, por su valentía y coraje, por su gran capacidad de sufrimiento, por su extraordinaria fuerza interior, por su vivo sentido de la justicia y del honor, por su generosidad, por su gran corazón... Porque, pese a ser una de las mejores deportistas de la serie, su hermano (y amado) nunca la prefirió como jugadora, debiendo permanecer a la sombra de las dos grandes divas de la historia: Mme Butterfly y Marta Nolan.

Ingrid es la roca sólida que permanece inmóvil frente a la furiosa tormenta. Su confianza en sí misma, su desprecio por las dificultades, su fuerza interior... surgen de las numerosas pruebas que debió enfrentar en el curso de su vida, de sus numerosas caídas y resurgimientos, de sus constantes fracasos y renacimientos, de sus frecuentes lesiones y recuperaciones... De su carácter impetuoso y apasionado, y del destino malhadado que la obligó constantemente a reinventarse a sí misma en su lucha por ser una persona mejor, por ser una jugadora mejor, por ser esa joven a quien Jeremías pudiera admirar y amar.


UN ESPIRITU INQUEBRANTABLE

Perdió a su entrenador cuando éste eligió a otra pupila; perdió su esperanza de ser correspondida cuando descubrió la verdad sobre su amado; perdió la devoción de su amado cuando éste se enamoró de otra mujer y su presencia cuando éste murió; estuvo a punto de perder la vida tras un accidente de circulación; una lesión la privó del uso de su brazo derecho debiéndose convertir en jugadora zurda...

Ingrid encarna a la guerrera apasionada, aquella que se ríe frente a la Muerte sabiendo que su fin está próximo pero saboreando al máximo su último combate; al soldado idealista, dispuesto a combatir por sus ideales o a entregar su vida por aquellos a los que ama; a la eterna enamorada que, testigo de la inmoralidad de su amor, hubo de renunciar al único hombre capaz de hacerla feliz (al igual que Rebecca en Ivanhoe, Morgana en Las Nieblas de Avalon o el Dr. Kennedy en Amy Foster) porque era el único que le estaba vedado.

Si Marta es la protagonista refulgente y brillante que, pese a todos los obstáculos, consigue superarse a sí misma y salir victoriosa en cada batalla; Ingrid es su alter ego opuesto, su reflejo antitético. Ambas comparten una afición: el tenis, un mismo amor: Jeremías, una idéntica rival: Rosa, un análogo afán de superación y éxito. Pero mientras Marta acaba conquistando siempre todas sus metas (el éxito deportivo, el amor de Jeremías y posteriormente el de Roberto, la confianza de Ángel) contando con el continuo apoyo de sus mentores; Ingrid es la eterna luchadora, aquella que siempre sale derrotada en los partidos definitivos y acaba renaciendo de sus cenizas gracias, exclusivamente, a sus propias fuerzas, sin acobardarse nunca, sin perder su espíritu combativo ni la esperanza por lograr cada vez algo mejor.

Marta, heredera de todos los elementos de la simbología propia del héroe finalmente vencedor, consigue hacernos partícipes de sus aventuras y desventuras en cada episodio; pero es Ingrid el personaje secundario que, plano a plano (sobre todo en Ace o Nerae 2! y Ace o Nerae: Final Stage), logra adueñarse de nuestros corazones, testigos mudos de su infructuosa y agónica batalla por conseguir un éxito que constantemente se le escapa de las manos, pese a su indudable calidad deportiva.


UNA VIDA DE SENTIMIENTOS AHOGADOS

Fruto del matrimonio en segundas nupcias del padre de Jeremías tras repudiar a su primera esposa, Ingrid fue una hija deseada, querida, mimada y protegida. Conoció a su hermano siendo niña, ignorante del vínculo familiar que los unía, en la creencia de que se trataba de un amigo de su familia. Con el candor propio de la infancia, se dejó seducir por el encanto de ese joven siete años mayor que ella. Pese a que Jeremías odiaba a su padre –a quien culpaba de la muerte de su madre–, su hermana era para él algo muy valioso, la única familia que poseía a excepción de sus abuelos maternos.

Fue el muchacho quien ayudó a Ingrid a superar su complejo de ser demasiado alta haciendo que empezara a practicar el tenis desde niña, un deporte en el que su altura se convertía en una baza a su favor y gracias al cual podía modelarse física y espiritualmente. También fue Jeremías quien la ayudó a entrenar en sus comienzos, convirtiéndose además en su amigo y confidente... Fue natural que con el tiempo la infatuación de la joven se convirtiera en amor.

Descubrir en su pubertad que el hombre a quien amaba era su hermano fue un duro golpe que nunca llegó a superar. Después de aquello, Ingrid jamás perdonó a su padre por haber abandonado a su primera esposa y a su hijo. Siempre fue la partidaria y defensora más fiel de Jeremías. No obstante, pese a aceptar que sus sentimientos por él nunca podrían ser correspondidos, continuó amándolo, admirándolo, estando a su lado. Un amor sin esperanzas cuyas raíces habían calado tan hondo en el corazón de la joven que nunca pudo extirparlas; un amor que Jeremías conocía y que se esforzaba por desalentar, siendo con ella especialmente duro, crítico y poco dado a expresiones afectuosas.

Pese a todo, Jeremías siempre fue el ídolo de su hermana, tanto a nivel personal como deportivo. Cuando él abandonó su carrera como tenista, ella lo aceptó sin cuestionarle. Desconocía por completo su enfermedad y asumió que se trataba de una consecuencia inevitable tras el misterioso ataque que lo tuvo hospitalizado por varios meses. Posteriormente, él decidió dedicarse a entrenar, e Ingrid pensó que no dudaría un instante en convertirse en su mentor y maestro. No obstante, aunque él valoraba la tenacidad y el espíritu de sacrificio de su hermana, también era consciente de que ella no reunía los requisitos que buscaba en su pupila ideal, aquella a quién deseaba encontrar para transmitirle todos sus conocimientos y convertirla en la número uno del tenis mundial.


TRES MUJERES, TRES RIVALES

Entonces Jeremías halló a Marta, e Ingrid no pudo evitar que los celos la corroyeran. ¿Por qué elegía su hermano a una extraña, además de novata, estando ella? Nunca antes había cuestionado sus motivos, pero era incapaz de entender su devoción, su dedicación hacia la joven. Cuando más tarde él le confesó sus esperanzas con respecto a Marta como jugadora, y sus sentimientos hacia ella como mujer, Ingrid creyó morir. Pero pese a su dolor, aprendió a constreñir sus sentimientos y aceptar la situación. El parecía realmente feliz, pleno, lleno de ilusión. Ella sabía que debía aceptar su decisión y renunciar a sus propios sueños pero, pese a todo, nunca dejó de intentar demostrarle su propia valía como jugadora. Nunca perdió la esperanza de que él reconsiderara su postura y se convirtiera en su entrenador. Nunca dejó de amarle...

Ingrid no podía ver en Marta nada especial. De hecho nunca la consideró su rival natural. Su objetivo a batir siempre fue Rosa, cuyo estilo de juego era tan preciosista y diferente del suyo, caracterizado por ser más masculino y estar basado en poderosos saques y precisas boleas. Sólo al final de la serie, cuando la verdadera naturaleza del juego de Marta se revela en todo su esplendor, pudo entender Ingrid el porqué de la dedicación de su hermano, la razón de que la escogiera a ella en su lugar... Sólo al final se sintió capaz de aceptarlo. Hasta ese momento Marta sólo había sido para ella la alumna mimada de Jeremías, aquella a quien debía proteger y enseñar por afecto a su hermano.

Por el contrario, a Marta siempre le impresionó la enorme fuerza física de Ingrid. En su primer encuentro se le apareció como una rival temible, casi invencible, dotada de un estilo de juego muy masculino basado en la potencia. Posteriormente, Ingrid se convirtió en su consejera y defensora, en la hermana de su querido entrenador, alguien en quien confiaba y a quien profesaba el mismo respeto que a él. Tras la muerte de aquel, ambas vivieron su desaparición con la agonía de la desesperanza, en la comunión del dolor compartido; pero mientras que Marta volcó su frustración en Ángel, Roberto y María, Ingrid lo hizo en Rosa, la persona de quien más cerca se sintió a lo largo de toda la serie. Finalmente, fue Ingrid quien le dio el beneplácito implícito que Marta necesitaba para aceptar definitivamente la legitimidad de su amor hacia Roberto pues, de alguna manera, aquella personificaba en su corazón a su entrenador muerto.

En realidad, Rosa Ross fue la persona a quien Ingrid más admiró como jugadora, su objetivo a batir, su igual, su eterna rival. Con el tiempo, ambas desarrollaron un profundo sentimiento de amistad que no se vio empañado por sus enfrentamientos en la pista. No obstante, pese a que la única contrincante digna de atención para Rosa fue siempre Marta, fue Ingrid quien la ayudó a tomar las decisiones más importantes relativas a su carrera deportiva, quien con su ejemplo la movió a abandonar su caparazón de diva y aceptar el verdadero significado de la derrota como punto de referencia para un nuevo comienzo, quien la enseñó con su innata humildad a desterrar su soberbia.


UN NUEVO COMIENZO

Cuando al final de la serie, Ingrid y Rosa fueron testigos de la eclosión de Marta como la nueva gran promesa del tenis de su país, como la verdadera heredera del sueño de Jeremías, se dieron cuenta de que más que un motivo para su retirada, la nueva Marta les daba una razón, un estímulo, para seguir luchando, para conquistar de nuevo el perfeccionamiento en ese deporte que Jeremías les enseñó a amar tanto.

E Ingrid, mirando al cielo, pudo sentir que su hermano nunca la abandonaría. Que de hecho nunca la había abandonado. Y que el amor de él la acompañaría siempre, por arduo que se presentase su camino.


 
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